Creo recordar que en otras entradas ya he dado bastante la paliza con lo muy ocupada que estoy y el poquiííísimo tiempo del que dispongo. Hay quien alardea de ello, como si esto no fuera la consecuencia lógica del desorden mental y la falta de organización. También es una excusa muy socorrida. Dices: "uy, me hubiera encantado poder ir contigo a esa exposición sobre las costumbres del escarabajo cochinero extremeño, pero es que no sabes lo liadísima que ando", en vez de decir: "me haces llorar lágrimas de aburrimiento y preferiría atravesarme los oidos con un alambre de espino antes que volver a pasar otra tarde en tu compañía". Lo que ocurre es que la gente liadísima siempre encontramos la manera de liarnos más todavía, cometido en el que resultamos ser tremendamente eficientes. Yo llevo mi trabajo, mi casa (más bien la casa me lleva a mí, y cuesta abajo; pero esa es otra historia), y mi yoga (ya consigo ponerme yo sola cabeza abajo, lo cual me hace estúpidamente feliz). Ahora, además, me he apuntado a clases de canto con mi amiga Carmen. Yo no he cantado en mi vida más que martirizando a mis vecinos cuando hago la limpieza; aunque es justo recordar que también me tragué durante años a su niño mediano, que tenía una singular afición a interpretar a Enrique Iglesias a las once de la noche. (Enrique Iglesias, ¡por Dios!) Siempre tuve una voz medianeja, resultado del cruce genético de mami, que tenía una voz clara y potente y cantaba bien, y papi, que sólo cantaba cuando en alguna celebración andaba pasado de cañas, cosa que ocurría, afortunadamente, muy de vez en cuando. Un día me animé y me fui con mi amiga a su clase. Y me quedé. La profesora es un cielo de mujer, divertida, paciente, y con una fe tan infinita como conmovedora en todos nosotros. Siempre nos dice que cualquiera puede cantar bien, con la técnica adecuada. Y nos venimos arriba, claro. A veces, muy arriba. En los grupos siempre hay alguien que canta en tres o cuatro coros, hace teatro, y en el tiempo que le queda entre el taller de pintura al óleo y el de chikung, se hace unos largos en la piscina del gimnasio. Sí, abundan los jubilados. Hay quien disfruta de un ego XXL y siempre se empeña en que le escuchemos haciendo un solo y descubramos su potencial, aunque la opinión generalizada sea que su potencial está muy bien escondidito donde está y que mejor no se meta en nada. Aun así, se esfuerza en que su voz sobresalga de entre las demás, hasta que los ojos casi se le salen de las órbitas, mientras el resto nos esforzamos en colocar unos discretos gorgoritos.
-A ver. Quiero que hagan "uhuhuhuhuh" Les doy el tono.
-Uuuuuuuuuuuu
-Uh uh uh uh uh uh
-UHUHUHUHHUUH
-UHUHUHUHUHU (adivinen quién)
-uhuhuhubuhuhuhuhuhuh (Esa soy yo, por si alguien lo dudaba)
-¡Pero mujer! ¡Saca la voz! Y baja la cabeza. Mírame a mí. Boca redondita. Uh.
Saco la voz, o lo intento. Bajo la cabeza. La miro. Pongo boca de rape.
-Uh
-¡Mas redondita! ¡Quiero boca de pez1 ¡Uhhhh!
Se ve que me he equivocado de pez; me mentalizo e intento convertir la boca de rape en boca de mero.
-Uhhhh.
-¡Bien!
(¿¿¿Bien???)
-Y para los agudos, hay que enseñar los dientes. Ajjjí.
-¿Ajjjí o as abiedta?- pregunto volviendo a la boca de rape.
-Más. Más abierta. ¡Perfecto!
Primera lección: Si gastas branquias y aleta dorsal llevas muchísimo adelantado. Segunda lección: Te pones feísima. Tercera lección: Si te mareas al cantar, es que lo haces bien. Yo debo de tener muy buenas condiciones, porque siempre salgo colocada como una bestia. Cuarta lección: No tengas bajo ningún concepto un chicle en la boca cuando haces falsete. Eso lo descubrí yo por mi cuenta. Si no sabéis por qué, probadlo y me contáis. Si sobrevivís al episodio de broncoaspiración que inevitablemente sufriréis. Entre uhuhuhús e ioioioioios, también nos ponen su poquito de zarzuela. La zarzuela no es un género que me apasione especialmente, pero es muy divertida de cantar. Ahora estamos aullando la "Mazurka de las sombrillas", de "Luisa Fernanda"; con el tiempo se supone que la cantaremos. (De momento recuerda bastante al haka maorí). Alguna vez también nos cae alguna maravillosa pieza de música antigua. En ocasiones se alinean los planetas y el conjunto de voces hace muy bonito y salimos con un chute de autoestima considerable. También hay días que se cuela un gallo y otros en que irrumpe el gallinero entero. Suelo ser yo y una cree en su inocencia que entre todas las voces no se nota quién ha sido, hasta que te percatas de que todo el mundo te está mirando malamente. Especialmente don Oídme Cantar A Mí. Y ahí estamos. Poquito a poco.
Entre gallos y staccatos hice hace poco esta variante del bizcocho de calabaza. Sale espectacular.
Ingredientes:
- 200 gramos harina de reposteria
- 100 gramos de copos de avena
- 100 gramos de panela o azúcar de caña
- 200 gramos de calabaza.
- 100 gramos de nueces picadas
- Un sobre de levadura
- 4 huevos
- 8 cucharadas soperas de aceite
- Una naranja
- Media cucharadita de canela en polvo
- Mantequilla y más harina para engrasar el molde.
Precalentamos el horno a 180º. Engrasamos y enharinamos el molde. Pelamos y troceamos la calabaza y la cocemos con un poco de agua hasta que esté tierna. Chafamos con un tenedor y reservamos. Rallamos la piel de la naranja y exprimimos el zumo. Mezclamos en un bol la harina, las nueces, la avena el azúcar, la canela y la ralladura de naranja. Aparte, separamos las claras de las yemas y batimos las claras a punto de nieve. Reservamos. En otro bol, ponemos las yemas batidas, el aceite y el zumo de la naranja. Añadimos las claras poco a poco, removiendo con cuidado. Vamos añadiendo poco a poco el contenido del otro cuenco con los ingredientes secos y mezclamos todo. Vertemos en el molde y horneamos unos 40 minutos hasta que al pinchar salga seca la aguja.
![]() |
| A la sombre de una sombrilla de encaje y seda me pongo morá... |

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.