Buscar este blog

miércoles, 14 de diciembre de 2016

BUNDT CAKE MARMOLADO. Perfectamente apto para Navidad, ¿qué pasa?

Perdonadme. De verdad.  Yo quería hacer recetas propias de estas fechas, pero es que me da mucha pereza, porque, además, el último experimento culinario- navideño acometido ha dado como resultado un truño en toda regla. Suelo leer unas publicaciones de corte alternativo que traen artículos interesantes, fotos muy bonitas y recetas vegetarianas que a menudo están bastante bien. En unos artículos enfocados al veganismo y crudiveganismo que está tan de moda se ofrecían unas recetas muy naturales y muy crudas como alternativa a los dulces tradicionales de estas fechas. Una de ellas consiste en la preparación de un turrón hecho con trigo sarraceno, nueces y no sé qué más.  El nombre de la receta es "Turraw". Cuya etimología responde al prefijo "tur-" de turrón,  seguido del sufijo "-raw", que significa "crudo" en inglés. Tan excelso y feliz juego de palabras tenía que haberme hecho reconsiderar el asunto, pero me acordé de que me había sobrado trigo sarraceno de hacer el pienso de los jerbos de mi hijo y de algún modo tenía que darle salida. El primer paso era poner el trigo en remojo, porque tenía que germinar, supuestamente a los dos días. Me puse a ello, pero los granos permanecieron tercamente cerrados hasta el cuarto día, en que amanecieron coronados de unas recias barbas vikingas de tres centímetros.  No era una visión muy alentadora, pero, obstinadamente, continué con la preparación del resto de la receta.  Y llegué al resultado final, una lámina de unos tres centímetros de grosor y aspecto general un tanto tristón. Se sugería como bonus opcional cubrir la materia resultante con chocolate, supongo que para ocultar el color, o la falta de él, que una buena capa todo lo tapa, y así lo hice. Cuando estuvo preparado, le pedí al más receptivo gastronómicamente de mis dos hijos, que probase un trozo. Lo probó, y me dijo educadamente que estaba muy bueno. La segunda vez, volvió a decirme educadamente que estaba muy bueno, pero el trozo que se sirvió era como la mitad del primero. La tercera vez, simplemente, nunca se produjo. En vista de lo cual, procedí a probarlo yo misma. Yo no digo que la culpa fuera de la receta. Algo haría yo mal. Pero la curiosa sensación que experimenté fue la de chupar un trozo de conglomerado de madera de la mesilla de noche, sobre la cual a alguien se le hubiese derramado un Cola Cao. En cierto modo, fue como regresar a la infancia, cuando uno, sin saber muy bien porqué, se dedica a mordisquear cosas en principio no destinadas al consumo humano. En resumen, no estaba demasiado malo, ni demasiado bueno.  Pensé en dárselo a los jerbos, pero estoy totalmente en contra de cualquier forma de maltrato animal.  Éste forma parte de mi colección de experimentos fallidos, en un honroso segundo lugar después de aquel chorizo vegetariano que os conté. Si me hubiese visto doña Pepa, hubiera soltado una de sus expresiones características más desaprobatorias: "Mestervéééé´..." 
Ah, ¿que nunca habéis escuchado eso de "Mestervé"?  No es castellano antiguo, ni caló moderno, aunque lo parezca.  Un día le pregunté a mi madre qué significaba tan cabalístico término:
-Nena, yo tampoco lo sabía. Se lo pregunté a mi madre, tu abuela Antonia, que lo decía mucho. Significa "Es menester ver", que viene a ser lo mismo que "Hay que ver".
-????? ¿En qué idioma?
- Y yo que sé, hija. Lo dirían en la Calzada de la Trinidad, que es donde vivíamos. Digo yo.
Es cierto que esa expresión la empleaba mi abuela. Puede que algún día os hable de ella: segregaba ácido sulfúrico en vez de saliva. Mami era el Dalai Lama en comparación.
Como conclusión, creo que no, no voy a poner la receta del engendro. Hacedme caso, es mejor el Jijona. En vez de eso, voy a poner la de un bizcocho absolutamente insano, cargado de execrable mantequilla y apocalíptica azúcar, tan pecaminosamente bueno  que precisa de bula papal para poder comerlo.  Y aunque no es propio de las fechas, siempre te puedes inventar que es el postre de Navidad típico de una  remota aldea al norte de Normandía, donde la noche del 24 es tradicional terminar la cena lanzándose todos los vecinos mutuamente pedazos de él desde los balcones, en un antiquísimo ritual prehistórico destinado a pedir abundancia para el año venidero. Os lo van a creer, seguro. Pues anda que no soy yo nadie inventando bolas.
Apuntad. Esto es alegría.
Ingredientes:
-200 gramos de harina con levadura.
-4 huevos medianos o tres grandes
- 1/2 cucharadita de sal.
- 220 gramos azúcar. La receta que yo encontré, no sé dónde,  pone 300. Me parece una exageración.
- 140 ml. de leche.
- 40 gramos de cacao en polvo.
- 200 gramos mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- Una cucharadita de esencia de vainilla.
--Virutas de chocolate blanco, opcional.
 Precalentamos el horno a 180º.
Separamos 40 ml. de leche y la mezclamos con el cacao. Reservamos. Tamizamos la harina con levadura y la ponemos en otro bol. Batimos en batidora o Thermomix la mantequilla junto con el azúcar y la sal hasta que la mezcla quede muy cremosa. Añadimos la cucharadita de esencia de vainilla y volvemos a batir. Echamos los huevos de uno en uno y seguimos batiendo. Vamos añadiendo la harina tamizada a poquitos y es mejor si lo mezclamos con varillas manuales. Dividimos la mezcla en dos partes, procurando que una sea un poco más grande que la otra. A la más pequeña le añadimos la mezcla del cacao y la dejamos en otro bol.
Buscamos un molde con forma de anillo. El mío es un Nordic Ware, pero con la cobertura no se aprecia mucho. Se engrasa y enharina. Yo para el Nordic, que tiene muchos recovecos, uso un spray muy práctico que facilita bastante el desmoldado. Los venden en grandes superficies y comercios especializados en temas de repostería. Ponemos en el molde la masa  sin cacao, la más grande, y vamos echando a poquitos la del cacao, mezclando un poco con una varilla o aguja en remolinos.
Metemos el molde al horno,  unos 50-55 minutos, hasta que al pinchar salga limpia la aguja. Se deja en el horno apagado y abierto unos 15 minutos y se desmolda sobre rejilla. Y aquí fue donde estropeé la vista, porque le fundí y puse por encima un poco de chocolate y luego virutas de chocolate blanco. Y lo que ganó en sabor perdió en estética, porque no se aprecia la forma tan bonita del molde. Eso me pasa por ansiaviva y por barroca. Bueno, esta buenísimo, aunque como todos los bizcochos de mantequilla, queda más compacto que los de aceite.


Feliz prenavidad, amigos míos, y disfrutemos de todo el asunto, aunque sólo sea porque, de todos modos, está ahí.....

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.