Nos encontramos ya,-una vez más- en plena cuenta atrás prenavideña, viviendo unos días que tienen dos cualidades especiales: el primero, que le dan a una ganas de cocinar cositas reconfortantes y caloríferas, porque va a ser Navidad y en Navidad hace frío, al menos en tu mente, porque fuera de ella estás a 25º y está la playa que es una gloria; y el segundo, que a partir del día 15 de diciembre, los días señalados son todos. A saber:
1) La comida de la empresa. Vayas donde vayas te sirven salsas de nata en algún plato, que te caen como un tiro; llegas tarde y te toca sentarte junto al odioso Z ése del negociado de al lado que amarga tus jornadas de trabajo y que se va volviendo más y más odioso si cabe tras cada copazo de vino; en cuanto se empieza a hablar de vvvvabos a seguir la juerrrrrga eb eel garaoge de agui al lado, aprovechas el doblar de una esquina para huir como Cary Grant en Con la muerte en los talones; por fin llegas a casa y te bebes un bidón de Almax. Pero al día siguiente, tienes
2) La comida con los amigos de toda la vida
3) Al otro, la de los compañeros de colegio, de instituto o de grupo de senderismo/manualidades/desarrollo personal.
4) Comida en casa de alguien, fuera o dentro de las categorías anteriores,donde cada uno lleva un plato, todo el mundo felicita a los demás por lo rico que está lo que han traído, y todo el mundo piensa para sus adentros que desde luego la gente no sabe hacer unas croquetas en condiciones, que vaya truño de ensaladilla rusa que han tenido el valor de presentar y que indiscutiblemente lo que tú has traído está muchísimo más bueno que todo lo demás, dónde va a parar. Y las estrelllas del programa:
5) Las comidas familiares. Esos inevitables avisperos de avispa asiática, donde con el curso de los años algunos aprendemos a torear a) los comentarios sobre tu figura (negativos por supuesto), b) las discusiones políticas (llenarte la boca de langostinos suele dar buen resultado) c) los comentarios/chistes zafios, casposos, sexistas y/o racistas (te da un acceso de calor y te sales fuera), o d) Cualquier pullita o expresión ofensiva, impertinente o grosera no contenida en las categorías anteriores. (sufres un repentino ataque de sordera selectiva: ¡somos tan ruidosos!)
Recuerdo que en Nochebuena, en casa de los García/Carballo, todo era un ajetreo de sacar la vajilla buena (cuyos restos conservo; soy una sentimental), de jurar en arameo porque el mantel tiene una mancha de estar guardado, de:
-Joaquín. Enciende las luces del árbol.
-¿Para qué? Si todavía no nos vamos a sentar a comer.
- Pues porque es Nochebuena, hijo. Pon esas que se encienden y se apagan. ¡¡¡Joaquín!!! ¡Si están fundidas la mitad de las bombillas! ¿Desde cuándo tenemos estas bombillas?
-Pues yo que sé, hijita. Hace años, pero vamos, que muchas funcionan. A las otras les ponemos espumillón por encima y ya está.
-Sí. Espumillón. ¿Ese que está más pelado que la cola de una rata? Desde luego, que te podías haber estirado y comprar luces y espumillón nuevo para el árbol, hijo, que el que hay le está mejor al muerto que a él. Venga. A comer todo el mundo.
-Pepita. A mí no me gustan con la carne los champiñones estos de lata, que parecen de goma.
-Pues te los dejas y migas el turrón en la salsa. Venga esa pandereta. Arre borriquito, arre, burro, arre.
Y se ponía en el magnetofón una cinta de villancicos, subían mis tíos, yo me apiporraba de mantecados y ellos de anís del Mono. Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.
Como me voy haciendo mayor, recuerdo con mucha nostalgia todas estas accidentadas cenas navideñas. Así que este año he decidido que a partir de ahora me va a gustar la Navidad. Y se va a poner árbol y belén como está mandado. Y voy a seguir guisando cositas de temporada, como esta receta de hoy, que no es exactamente navideña pero sí muy invernal y que sale buena, pero buenísima:
Ingredientes:
-220 gramos de harina de repostería.
-Un sobre de levadura.
-Dos huevos grandes.
-Un pellizco de sal.
-Dos cucharadas soperas de jengibre en polvo.
-1/4 de cucharadita de pimienta molida.
-Ralladura de una naranja.
-Una cucharadita de cardamomo molido.
-Una cucharadita de jengibre fresco rallado.
-1/4 cucharadita de ralladura de nuez moscada.
-100 gramos de azúcar morena.
-100 ml. de aceite.
-150 ml. de cerveza negra
- 2/3 partes de un vaso de agua, de melaza. Se puede poner miel o miel de caña, pero la melaza da una textura especialmente jugosa.
-Almendra laminada para cubrir.
Precalentar el horno a 200º. Engrasar y enharinar un molde alargado de plum cake. Batir los huevos con el azúcar hasta que aumente de volumen. Añadir el resto de los ingredientes, menos la harina, y seguir batiendo. Ir añadiendo poco a poco la harina tamizada y remover todo hasta integrar. Poner la masa en el molde y esparcir por encima la almendra laminada, bastante, porque al subir se expande la masa y quedan muchos claros. Hornear aproximadamente 45 minutos y pinchar con una brocheta, si sale húmeda ir dejando más tiempo, de cinco en cinco minutos, hasta que la aguja salga limpia. Desmoldar y dejar enfriar sobre rejilla.
Espero que disfrutéis de los preparativos y que adoptéis una conveniente actitud zen ante lo que se avecina. Es de lo más útil.
Feliz semana a todos.

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