Este año he decidido que como va a haber Navidad diga yo lo que diga, mejor será que me guste y la disfrute en vez de pasarme quince días rezongando. De manera que hemos hecho todo lo que se hace de rigor. He hecho los borrachuelos y las empanadillas de batata. Muchas. Otro día os lo cuento, aún estoy traumatizada. Hemos guisado la ternera rellena clásica y colgado angelitos y duendes aquí y allá. Aunque el árbol al final no lo hemos puesto, porque es del chino y pincha una cosa mala, y tengo intenciones de comenzar el año nuevo con mis dos ojos en perfecto estado y sin verme obligada a vender cupones. A mi marido le pedí, haciendo gala de un optimismo delirante, que pusiera el belén. Mientras lo (perpetraba) hacía, yo pensaba en lo bonita que es la Navidad después de todo. Oigo unos maravillosos villancicos barrocos, huele a canela y azúcar. En esta idílica atmósfera, al salir de la cocina mi imaginación se venía arriba y empezaba a visualizar una preciosidad de belén montado como los que ponen en los casoplones que salen en el "Hola", y a mí misma, monísima, más replanchada que la Preysler y con una copa de cava en la mano. "La Cuchara Perversa nos abre las puertas de su fabulosa mansión junto a su exclusivo belén napolitano" Tal que éste:
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| Bonito, ¿verdad? |
Pues lo que me encontré fue ESTO.
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| La cruda realidad. AAARGHSSSSS. |
¡PLOP! Adiós anfitriona monísima. A tomar viento la fabulosa mansión, la copa de cava y el belén napolitano.
-Pero....¡por Dios! ¿Dónde está el portal? ¿Y la estrella? ¡Si había muchas más cosas! ¿Y el musgo para hacer la hierba, qué ha pasado con él?
-Yo qué sé. Deben estar en otra caja, porque no las he encontrado. Yo pongo lo que había y ya está.
Vale. Como se puede observar, no tenemos portal, porque se lo han vendido a un fondo buitre y Jesús, María y José están en la calle. Hay varios pastorcitos de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca montando una cacerolada. La mula y el buey se han pedido días de asuntos propios. Para compensar, detrás del conjunto están las dos brujas que me traje de Galicia. La taza que tienen delante supongo que es el caldero de las pócimas. La tetera tampoco se han molestado en quitarla de la escena: pa qué. Aunque no se aprecia en la foto, al niño Jesús le falta el brazo derecho, que le ha sido misteriosamente amputado. A San José se le ha caído el cayado y la mano se le ha quedado como agarrotada, en un gesto que parece de muy mala leche.
-José, no te cabrees, que ya verás cómo en Asuntos Sociales nos dan una ayuda para el alquiler y al Niño le ponen una prótesis, que ni se va a notar lo del brazo.
-Mira, María. Yo lo que te digo es que como se aparezca por aquí el apoderado del banco del desahucio, le pongo mirando a Triana. Poner en la calle a las criaturas una Nochebuena, con la pelona que cae.
Y como no hay portal, el angelito que iba de pie en el tejado se ha quedado repanchingado y tumbado al sol, con aspecto de haberse fumado algo (véase esquina inferior derecha) Para rematar el artístico conjunto, uno de los Reyes Magos va montado en un camello sin cabeza, estilo leyenda Sleepy Hollow, aunque en Sleepy Hollow el que no tenía cabeza era el jinete. Qué queréis que os diga. Es un belén bastante aterrador, que quedaría estupendo para una festividad que fusionase la Navidad y el Halloween.
-Hombre, no dirás que no es original- me dice, muy ufano, el autor de la composición.
Efectivamente, no creo que nadie haya hecho ningún truño igual desde que hay memoria. Me estoy acordando del año que, en casa de mi hermana, mis sobrinos hicieron unos pastores de plastilina, pero había una pastora que les salió bastante acromegálica. La llamaban la Tachenka, por el jugador de baloncesto y a todo el mundo le encantaba. A lo mejor me termino encariñando con este Nacimiento de pesadilla. Cuando una ha convivido con marido, dos hijos centrifugadores que lo esparcen todo a su alrededor, perro guarrindongo, jerbos y agapornis asesinos, se insensibiliza y se hace a todo. Me lo podéis creer.
Vamos con la recetilla, que sale muy bien.
Ingredientes para mucha gente:
-Dos kilos de aleta de ternera. Le pediremos al carnicero que la abra para rellenar, que le corte las puntas para dejarla rectangular y que nos pique lo que sobre.-Un sobre de jamón serrano grande.
-Un bote o dos de pimientos del piquillo. Según tamaño.
-Una bolsa de espinacas congeladas, o dos de las que vienen frescas.
-Pasas y piñones al gusto.
-Dos dientes de ajo.
-Aceite, sal, pimienta y laurel.
-Un par de clavos.
-Un vaso de vino blanco.
-Un tomate grande
-Una cebolla
-Dos zanahorias.
-Cuatro o cinco dientes de ajo adicionales para la salsa.
-Bramante de cocina.
-Un trozo de un metro de malla de carnicero, de la ancha (sobrará pero los extremos se anudan por la punta) Te la dan en la misma carnicería o en la tienda de el Reloj
-Nervios de acero. Los necesitaréis en un momento dado de la preparación.
Hay infinidad de recetas y rellenos para este plato tan clasicón de la Navidad. Yo me fui a una entrada de El Comidista. Mikel López Iturriaga afirmaba que la mayor dificultad de esta receta era meter el canuto resultante en la malla de carnicero sin que te quedara un fistro diodenal. Doy sentida fe de ello.
Primero sofreímos la carne que ha sobrado, picada, con sal y pimienta. Reservamos. Después haremos las espinacas en la sartén, salteándolas con un poco de aceite y los dos dientes de ajo picados y pelados, y añadiendo las pasas y los piñones y un poquito de sal. Reservamos. Luego sacamos la falda, abierta, la extendemos y la pulimos de grasillas o telillas que le queden. Después extendemos por la superficie, de manera homogénea, la carne picada y sofrita. Encima, las espinacas. Luego las tiras de jamón, y por último, una capa de pimientos del piquillo cortados a tiras. Todo bien extendido y sin mezclar. Cuidaremos de que quede una capa encima de la otra, ordenadito y pulcro. Procuraremos dejar libres unos dos centímetros de cada lado. Ahora viene el momento en que vas enrollando la carne, en el sentido de la fibra de la misma, bien apretadita. Se te saldrá el relleno por las puntas, pero no pierdas los nervios. Lo empujas para dentro y le das varias vueltas de bramante a lo largo y a lo ancho., apretando siempre bien. Luego coges el trozo de malla de carnicero y empiezas a intentar meter dentro el fistro. Es como meter un zepelin en una media, y no te preocupes si queda feo y tripón. Luego no se nota. Mi compi del instituto Ana Rosa, cocinillas de pro y autora del blog "El Ajoblanco, cocina malagueña y más", que os recomiendo desde ahora mismo, me dio un truco que al parecer funciona, y es coger un escurridor cilíndrico que sea alto (el de Ikea vale) y poner dentro de él el fistro de pie, y a partir de ahí le vas metiendo la malla. Conseguido este escabroso paso, le hacemos un nudo a cada extremo, bien apretadico, y lo sofreímos tal cual, con malla y todo, en una cazuela donde quepa bien, con un fondo de aceite, dándole vueltas hasta que queda doradito por todas partes. Luego le añades el tomate, la cebolla, la zanahoria, los ajos y el laurel, agua que lo cubra todo, el vaso de vino, un polvo de pimienta y los clavos. Y a cocer. Yo lo dejé dos horas a fuego lento. Quien lo sepa hacer con olla exprés, adelante.
Pasado este tiempo, sacamos el morcón y lo dejamos enfriar. Retiramos el laurel y los dos clavos y trituramos el resto con la batidora. Si la salsa está muy líquida, se deja reducir el tiempo que haga falta, hasta que la veamos espesita, y en un momento dado, se puede engordar con una cucharada de maicena disuelta en ella. Cuando el canuto esté frío, se corta en rodajas y se sirve con la salsa calentita. Buenísimo y vistoso. Si con esto la familia no te pone una estrella Michelín, dedícate a otra cosa. O mátales, directamente.
Feliz semana. Feliz año nuevo. Feliz vida.....



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