Buscar este blog

domingo, 13 de enero de 2019

TE PARA DÍAS ASQUEROSOS.

Nuevamente tengo esa curiosa sensación de anticlímax/desinfle tras los jolgorios y excesos navideños. Toca recoger el belén (no quiero ni mirar el mío), quitar los adornos y deshacerse de los restos de turrones, roscones y hojaldrinas, intentando, sin éxito alguno, endosárselos a algún incauto que venga a merendar. Te queda ese telón de fondo de melancolía y puede que, como a mí, las fiestas te hayan obsequiado con un estupendo catarro, heredado de alguno de tus propios que se ha pasado malo todas las vacaciones y se pone fresco como una lechuga el día de volver al trabajo, no sin antes traspasarte a ti un camión de virus hambrientos y saltarines. Y tengas, como consecuencia, cierto bajonazo y cero ganas de reincorporarte a tu rutina. En estos casos te va a venir maravillosamente este brebaje milagroso que descubrí a a través de uno de estos enlaces que te pasan por Facebook. El secreto de la poción mágica para días chungos. En este preciso instante estoy disfrutando de una taza, pensando que quizá las tardes de los domingos, al final, no son tan malas. La verdad es que la semana ha sido agitada, con situaciones un tanto surrealistas. Una mañana que tenía que ir al juzgado a hacer repaso general de asuntos, me pasé antes por una tienda de animales para comprar pienso para los agapornis, que comen más que un sabañón con plumas. La chica de la tienda me dio mi kilo de pienso a granel en una bolsita de asas que yo metí en el bolso, ese agujero negro que me acompaña a todas partes y donde puedo llevar todo lo necesario para construirme un refugio de supervivencia. Llego a los juzgados y entro al primero que tenía que visitar.. En el preciso instante en que su señoría y la letrada de la Administración de Justicia vienen de tomar café, saco mis papeles, que salen acompañados de una lluvia de granos diversos, grandes y pequeños, intercalados de alguna que otra pipa de girasol, y que ruedan alegremente por todas partes. Clin, clin, clin (pequeños). Plof, plof, plof  (grandes) Me quiero MORIR. Quiero MATAR a la de la tienda de animales. No por ese orden. Se hace el silencio durante un terrible instante, yo sacudo los papeles y mascullo algo así como:
-Jejejeje..... estos niños que le llenan a una el bolso de cosas.... en fin...
Ya no tengo niños en edad de llenarme el bolso de cosas, ni edad de tenerlos, aunque siempre puedo culpar a unos hipotéticos nietos, y creo que en este momento debo haber perdido cualquier vestigio de credibilidad para el resto de mi vida laboral. Meto la mano en el bolso para sacar un boli, con extrema precaución, y descubro que lo tengo lleno hasta la mitad de pienso, el cual se me ha vaciado entero porque la lumbreras de la dependienta me ha echado el pienso en la bolsa abierta, a palo seco, sin ponerlo previamente en un paquete anudado. Salgo del juzgado muerta de vergüenza, aunque con una profesional cara de haba que el ejercicio de la abogacía me ha enseñado hace tiempo a adoptar. Hago otras gestiones, procurando tocar el bolso lo imprescindible, como si llevase en él una granada de mano, y finalmente llego a la clase del yoga del mediodía con la lengua fuera. Después de retorcerme un buen rato en posiciones antinaturales, me siento mucho mejor. A la hora de la relajación, al tumbarme me sobreviene un ataque de tos escala 8 de Richter, y como no es plan de perturbar a los compañeros, me salgo muy despacito, a coger el Ventolín y pegarme un chute. Meto la mano en el bolso lleno de pienso y con mucho cuidadito saco el inhalador. Le doy al flufli, aspiro con fuerza.... y descubro, demasiado tarde, que el inhalador TAMBIEN está lleno de pienso. Tengo una décíma de segundo en que toda mi vida pasa ante mis ojos, con la certeza de que voy a morir de una broncoaspiración y nadie se va a enterar. O así lo creía yo.  Pero el organismo reacciona con eficiencia, gracias a Dios, y entre una agónica serie de COFFFCOFFFCOFFFIGGHHHHHHHBRRRUAJJJJJ, salen despedidos varios granos grandes y pequeños. Luego me quedo boqueando como un pez recién pescado, intentando averiguar a qué parte del patio interior a donde da la habitación en que me encuentro habrán ido a parar mis dos pulmones, quizá acompañados de otra parte de menudillos varios expulsados por la fuerza de la deflagración. Nadie se inmuta al otro lado de la puerta; supongo que piensan que si ya he muerto o sufrido algún tipo de daño cerebral derivado de la falta de oxígeno, bien puedo esperar un par de minutos a que realineen todos sus chakras antes de llamar a la ambulancia o al juez de guardia para levantar mi cadáver. Es lo que tiene el yoga. No te agobias por ná. Para cuando salen, frescos y relajaditos, me dirigen la misma mirada de silenciosa prevención de la que ya he sido objeto en el juzgado. (La verdad, últimamente me mira así bastante gente, ahora que lo pienso.) Cuando me miro al espejo antes de salir, puedo verificar que me encuentro en estado cianótico. Me siento completamente estúpida e imagino el titular en los medios de comunicación:  MUJER DE MEDIANA EDAD MUERE ASFIXIADA TRAS INHALAR PIENSO DE SU MASCOTA. Amigos, definitivamente no se puede caer más bajo.
Ingredientes:
-200 ml. de leche. Puede ser vegetal, si es así la de coco va especialmente bien. También vale el agua. Luego, puedes poner varios o todos o algunos de estos ingredientes:
-Un cucharadita de té negro o rooibos.
-Un trozo de piel de naranja.
-Un clavo
-Un trozo de canela
-Un trozo de jengibre fresco.
-Un par de granos de cardamomo.
-Una estrella de anís
-Un pellizco de pimienta.
-Un trocito de chocolate de tu elección.
-Endulzante al gusto. Yo le pongo sirope de ágave o panela.
Ponemos en un cazo (aunque el chico del video lo hacía en cafetera), la leche, todas o algunas de las especias y dejamos hervir. Dejamos reposar cinco minutos. Ponemos en el fondo de la taza el endulzante y el trocito de chocolate. Colamos la leche infusionada, removemos y nos vamos a un sitio a donde nadie nos moleste, dejándonos el móvil en cualquier otro lugar. Simplemente, no estamos.

Las galletas de jengibre no son un añadido imprescindible, pero ayudan un montón.
Espero que tengáis ocasión de probar este remedio para organismos y espíritus quebrantados. No es una condición necesaria tener un  mal día, pero cualquier tarde de invierno mejora considerablemente.
Feliz semana a todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.