Siempre me ha gustado el picante. En mi despensa no faltan nunca el chile en copos, la salsa Tabasco y la pasta harissa. Cuando mis hijos eran todavía pequeños, podías encontrar pimientos del Padrón auténticos sin mucha dificultad. Hoy los que venden ponen "tipo Padrón", y unos no pìcan, y otros tampoco. Qué cosa más sosa, Dios mío. Yo los freía y les ponía sal gorda, que están riquísimos, y poníamos el plato en medio de la mesa del comedor, como si estuviéramos jugando a la ruleta rusa. Y cuando cogías uno de los más gordos, solía ser picante, y más porque te lo comías entero, y las semillas son lo que más pica. El ansioso (que solía ser alguno de mis hijos), solía gritar desaforadamente: "¡¡¡PIIIICAAA!!! ¡¡¡AAARDEEE!!!", más otros exabruptos intrascriptibles, tragándose acto seguido un buen losco de pan entre ríos de lágrímas y toses incontenibles, mientras los demás le atizábamos collejas en la zona posterior de las costillas y nos divertíamos un montón. Luego venían las revanchas y se vengaban con creces.... Guardaremos para siempre, ay, el recuerdo de tan tiernas comidas familiares. Y por cierto, antes de que me acuséis de ser una madre cruel y desnaturalizada, mis hijos eran ya algo mayorcitos. Si lo eran lo suficiente para comer marranadas en el Mac Donald´s, desde luego lo eran para comer pimientos del Padrón. Siempre he sido partidaria de que los niños coman lo mismo que los mayores. Con muy poco éxito a veces, todo hay que decirlo.....
A una la modernidad le ha cogido mayor, y no hace tantos años que probé el sushi por primera vez. Algún día pondré la receta, si consigo que me salga pequeño y recogidito; porque las veces que lo he hecho, me ha salido rico, pero con el diámetro de una torta de Algarrobo, y hace muy poco fino, la verdad. Bueno, pues esa vez me serví el sushi y me puse los aditamentos correspondientes: el cuenquito con la soja, el jengibre encurtido, y el wasabi. Esa pasta de un verde tan bonito. Me serví una cantidad generosa. Generosísima. Aquí no hay miserias. La camarera, que pasó por mi mesa, sonrió torcidamente, como el malvado Fu Manchú, y me dijo:
-Ohhhh. Usted mujel valiente. Pica muuuuucho.
Sí, hombre. Picantes a mí. Asentí, poniendo cara de "qué me vas a contar", y unté una cucharada sopera de condimento en el sushi. Y me lo comí, Señor. Empecé a masticar pensativamente. Pues está bueno esto. De pronto, en mi garganta tuvo lugar algo similar a la explosión de la bomba atómica, y me quedé privada de respiración durante unos larguísimos segundos. De hecho, me quedé privada, a secas. Mis hijos y mi marido me miraban con interés creciente:
-Mamá. Te estás poniendo "morada".
En sentido literal y figurado. Intenté seguir masticando, impertérrita, emulando la sangre fría de John Wayne en "El hombre tranquilo", aunque sentía como si los globos oculares fueran a saltarme al plato a guisa de canicas de a peseta. Al final tragué aquel infierno en llamas, intentando contener en lo posible las lágrimas. La camarera se partía de risa. La muy malvada.
-Ya dije. Piiica mucho, señola. ¿Otlo poquito?Que si otro poquito. Tu madre, que estará en Hang Zhou.
Pero cuando conseguí hablar, sacando una inesperada voz cazallera, sólo le dije.
-Quiero. Otra. Cerveza. Por favor. Grande.
Los de la mesa de al lado me miraban con un pitorreo nada disimulado. Parecían a punto de aplaudir y recuerdo que pensé, poseída de furia asesina, que al que se le ocurriera le degollaría con el plato del postre. Debieron vérmelo en la cara; apartaron la mirada rápidamente y se concentraron en su wok salteado. Estuve con una euforia extraña el resto del día; creo que el wasabi en grandes cantidades tiene efectos psicoactivos. De hecho, no lo aborrecí, aunque ya he aprendido a dosificarlo. Después de esto, sólo me queda ir a un restaurante mexicano donde me han dicho que si te comes un plato con el picante más fuerte que tienen te rodea un corro de mariachis y te cantan: "¿Qué te pasa, muchacho, qué te pasa?", y te ponen la medalla al mérito civil.
Esta receta tiene picante, pero lo gradúas tú, así que es apto para todas las sensibilidades. Se me ocurrió prepararlo en mi furia guisandera otoñal. En todos los artículos de nutrición que se precien te dicen que comemos muy pocas legumbres, y que las preparamos muy sobradas de morcillacas y de chorizámenes. Ya he probado a hacerlas viudas, con verdurita, pero dejando aparte las lentejas, que llevan muy dignamente la viudez, y los garbanzos con espinacas, en casa gustan poco así preparadas.. Así que me pongo a buscar en mis recetarios y encuentro cositas muy interesantes. como esta receta, muy rica y dietéticamente llevadera. En casa han gustado. Menos mal. Porque he hecho el paquete de alubias entero y me ha salido para alimentar a un cuartel, o para congelar si pasamos una hambruna. Me van a odiar durante meses. Así que mejor reducimos la cantidad.
Ingredientes:-1/2 kg. de carne picada, mezcla de ternera y cerdo.
-200 gramos de alubias pintas, rojas o negras, o bien dos tarros de las cocidas.
- Una lata de tomate triturado de 400 gramos. Yo usé dos kilos de tomate natural. Una es de por sí algo bruta, qué le vamos a hacer.
- Una cebolla
-Cuatro dientes de ajo.
-Medio pimiento grande rojo.
-Una guindilla o unas gotas de salsa Tabasco
-Unas ramas de cilantro (Opcional. No a todo el mundo le gusta)
- Aceite.
- Una cucharadita de comino molido.
- Una cucharadita de orégano.
- Una de pimentón, dulce, o picante si no ponemos la guindilla ni el Tabasco.
- Una cucharada de salsa Worcester o HP.
- Una cucharadita de pimienta de Cayena, si te va la marcha.
- Sal.
- Arroz blanco cocido para acompañar.
Si las judías son secas, las tenemos que poner en remojo toda la noche, y al día siguiente escurrirlas y cocerla un par de horas, o hasta que estén bien tiernas. Quien gaste olla a presión, lo tiene más fácil. Es aún más rápido irnos a las de tarro, ya cocidas, que sacamos, enjuagamos, escurrimos y reservamos.
Sofreímos en un fondo de aceite los ajos y la cebolla picados y el pimiento rojo en tiras, sacamos y reservamos. Aliñamos la carne con sal, el comino, el orégano y el pimentón, y la freímos en la misma cazuela. Añadimos el tomate triturado, la guindilla si la ponemos y el ajo, la cebolla y el pimiento, y lo ponemos a cocer hasta que haya reducido, unos 15-20 minutos. Añadimos el pimentón, el cilantro si lo ponemos, la salsa Worcester o HP y un poco de sal.
Poner la guindilla tiene un riesgo, que es que le toca siempre a alguien que se la traga entera, y si a ti no te ha tocado, es muy divertido ver al infortunado comensal al que SÍ le ha tocado. Pero si no queremos incurrir en esta maldad, en vez de la guindilla ponemos tres o cuatro gotas de Tabasco al total del guiso, o el pimentón picante, y todos recibimos nuestra parte alícuota de pique en paz y amor de Dios.
Cuando todo se ha quedado bien espesito añadimos las judías y le damos unas vueltas, pero sin que se rompan. Probamos y rectificamos de sal, y de picante, y servimos acompañados del arroz.Pues eso. A cuidarnos y a llevarnos buenos ratos en la talega, que es de lo que se trata.
Feliz semana a todos.

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