Nos encontramos en la santa festividad del Pilar y yo estoy disfrutando inmensamente de esta medio lluviecilla que estamos teniendo y del discreto, aunque apreciable, descenso de las temperaturas. En mi casa reina la paz Uno de mis hijos se ha largado a chorrarla por ahí, y el otro está en el reino de los sueños después de haberse acostado, como un señor, a las cinco de la mañana. Yo misma he dormido a parches, como buena Mamá Pata que está con un ojo abierto hasta que tiene a toda la nidada en casa, aunque alguno de los patitos sea del tamaño de un pterodáctilo gigante e igual de tierno y vulnerable. A mi lado duerme Papá Pato. Nada le quita el sueño, qué alegría de hombre. Yo estoy tumbada en la cama, con el móvil encendido en la mesilla de noche,y sostengo conmigo misma el siguiente diálogo interior:
Que no les ha pasado nada.
Pero, ¿y si sí?
Que seguro que están enfrente, en casa del amigo/en casa de la novia.
Pero, ¿y si no?
Mira que si:
a) Les han asaltado para robarles un riñón y están tirados debajo de un puente, con una costura infectada de cincuenta puntos de sutura.
b) Se han ido en coche con un amigo, han tenido un accidente y están en el hospital con la memoria perdida. Además, no hay sangre de su grupo para hacerles una transfusión; la situación es desesperada.
c) Les ha secuestrado la Yakuza, con la que tenían turbios negocios que yo ignoraba, y me van a mandar sus dedos meñique en un pastillero.
d) Cualquier otra catástrofe a elegir; y os aseguro que, sea cual sea, se me ha ocurrido antes.
Con lo cual la secuencia temporal queda de este modo:
1) Me despierto. Es la una y veinte. Demasiado pronto para que hayan llegado. Me doy media vuelta y me duermo. Todavía.
2) Me despierto. Dos y cinco. Me asomo. Uno ha vuelto, el otro no. Me vuelvo a la cama y repito la operación anterior. Papá Pato no se ha movido de su posición. Después dirá que le he tenido despierto toda la noche. Venga, a dormir otro poco.
3) Tres y media. Nada. Aquí ya empiezo a darle vueltas a todas las hipótesis anteriormente expuestas. Le dije que si volvía más tarde de lo acostumbrado me mandara un whattsapp. Y me dijo que sí, y yo me lo creí contra toda evidencia. Miro la pantalla. Aquí no hay ná de ná. No puedo resistir más y le mando yo uno: ¿Estás en casa de tu amigo X? (el vecino)
Me tumbo y espero el familiar zumbido de respuesta. Pasa un rato. Pasa otro rato. Estoy en duermevela y empiezo a sufrir alucinaciones. Pasa por delante de mi campo de visión interior un rebaño de elefantes azules, vaya usted a saber por qué. Abro los ojos, sobresaltada, antes de que la manada me atropelle, y miro la pantalla del móvil. Ni whattsapp, ni flores. Sigo dándole vueltas a todas las referidas hipótesis y a alguna nueva. O "reinando", como dicen en mi pueblo consorte al que rumia mentalmente las cosas. Curiosa expresión, dicho sea de paso.
4) Cuatro y diez de la mañana. Recurro a medidas desesperadas: le llamo. Se corta a los cuatro tonos. Biiipppp. Le habla el contestador del mastuerzo de su hijo, el usuario no contesta. Presa de la zozobra, le llamo y le llamo por el whattsapp hasta que se corta. Por fin veo que está en línea y escribiendo. Que estoy en casa de X y subo en un rato. Y yo respiro: Pues ya me lo podías haber dicho antes, que es mucho más tarde de lo acostumbrado. So membrillo. Como X vive enfrente, a cincuenta metros, por fin me voy a la cama y duermo tranquila. Al rato me despierta un portazo atronador: ¡¡¡BLAMMM!!! , que a mí me suena a música celestial: mi pequeño e indefenso pterodáctilo ha vuelto al nido. En el siguiente momento en que abro los ojos, son las diez de la mañana, y mi santo marido, fresco como una lechuga, observa:
-Halaaa. Te has hinchado de dormir.
Con un esfuerzo sobrehumano, recito el mantra del yoga y consigo no matarle. Me voy a la cocina. Queda tarta de manzana de la que hice el otro día. Qué rica. Me sirvo un trozo y me prometo a mí misma que la próxima noche que mis hijos salgan dormiré de un tirón. Bueno. La intención la hago.
Esta receta la he sacado, algo adaptada, de unas fichas de cocina de Simone Ortega que salían cada fin de semana en el suplemento de El País, hace diez mil años, y la he hecho muchas veces porque me encanta:
-Una base de masa quebrada de la refrigerada redonda.
-Tres huevos.
-Un vaso de leche entera.
-Un vaso de nata.
-150 gramos de azúcar.
-Dos cucharadas de maicena.
-Dos cucharadas de agua de azahar
-Tres manzanas grandes, mejor si son algo ácidas.
-Tres o cuatro cucharadas de mermelada de melocotón.
La masa quebrada no es difícil de hacer, a mano o en la Thermomix. Lo malo es que no la debes amasar mucho para que no salga dura, tienes que aplastarla bastante con el rodillo para que salga con un grosor homogéneo y, al no poderla trabajar mucho, se desmiga. Así que yo ya no me complico y la compro hecha, ya estirada, y me ahorro irritaciones. Vale. Pues precalentamos el horno a 180º. Cogemos un molde bajo, de paredes desmontables, de unos 26-28 cm. de diámetro, y lo engrasamos y enharinamos. Si no es desmontable lo que hacemos es poner una hoja de papel. de horno y sobre él la lámina de masa quebrada. Llegados a este punto, podemos hacer dos cosas:
-Hornearlo en blanco. Para esto precalentamos el horno diez minutos, ponemos unos garbanzos por el fondo de la base de pasta, y horneamos así unos doce minutos, y ya vamos al paso siguiente, o
-Lo hacemos todo del tirón. Con la pasta preparada se puede hacer. Así que ni lo dudes.
A continuación, batimos los huevos, la leche, la nata y el agua de azahar, añadimos la harina y el azúcar y continuamos batiendo hasta integrar todo. Vertemos esta masa dentro del molde con la pasta extendida y cortamos las manzanas en láminas finas, disponiéndolas en círculo y procurando que queden bonitas. Yo las he dejado con piel, pero eso ya va en gustos. Se mete todo al horno y se deja cocer más o menos una hora, hasta que al pinchar veamos que se ha cuajado la crema y las manzanas están doradas. Mientras tanto, ponemos un cazo al fuego con la mermelada diluida en un par de cucharadas de agua y lo ponemos a calentar, removiendo de vez en cuando, hasta que se concentre un poco. Sacamos la tarta y ponemos a enfriar el molde sobre una rejilla, cogemos el cazo de la mermelada y vamos bañando la tarta, colando a través de un colador.
Se desmolda y se sirve templada.
![]() |
| Perfecta para combatir un ataque de materneurosis. Garantizado. |
Y a disfrutar de esta lluvia y este fresquito que hace tan acogedor...
Feliz semana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.